Bendita incertidumbre

Charlando con una compañera acerca de su situación personal y profesional, de su momento vital, me contaba con cierta tristeza, y en momentos con ansiedad, que se había dado cuenta de que el camino profesional que había elegido no era lo que quería para ella, que lo que antes le servía, ya no le sirve, que siempre había tenido muy claro cuál era el trayecto, cómo era su mapa, y que ahora, por primera vez en su vida, estaba en un mar de dudas, plena de incertidumbre. Así que había parado y se encontraba quieta, con sensación de pérdida, explorando alternativas. Allí, parada en el camino, miraba y buscaba algún sendero, apenas abierto, por donde dirigirse. Sin embargo, nada de lo que veía le convencía…

-” …Y si…

– ¿Qué es lo que quieres?

– mmmm … no estoy segura… nunca me había sentido así, sin saber por dónde ir, siempre he tenido todo tan claro… y, además, mira cómo está la situación. ¡No soporto la incertidumbre!”

Y es que no estamos preparados para la incertidumbre, nos sentimos vulnerables. Todo lo que nos rodea nos empuja a caminar, de cualquier manera, por la ruta marcada; sí, por caminos “seguros” y, aunque parezca una pregunta obvia, no nos damos permiso para cuestionarnos “¿Qué quiero realmente?”. Y, claro, tampoco nos damos tiempo para responder. Esta pregunta sólo está permitida a los niños: “¿Qué quieres ser de mayor?”. Pero, una vez elegiste un camino, ya no puedes volver a preguntártelo y, si lo haces, si te atreves a preguntar, la respuesta “correcta”, y amarga, que debes darte es: “Bueno, es que lo que yo quiero es imposible”, y ya está, se acabó la discusión.

Tampoco nos enseñan a aceptar la tristeza. Hay que estar alegres toooodo el tiempo, porque eso significa que tienes éxito, que todo te va “bien”, así que nada de pararte a pensar, a preguntarte. Pero la tristeza es una emoción que, sin dejarnos arrastrar por ella, tiene una función depurativa, de reflexión, y abre un período para sopesar nuestra pérdida y renovar nuestros planes para que nuestra vida siga adelante.

¿Qué quieres para ti, cómo te ves específicamente dentro de 2, 3, 5 años? ¿Qué estás haciendo? ¿Cómo? ¿Qué ves a tu alrededor? ¿Cómo te ves a ti? ¿Dónde estás? ¿Con quién? ¿Qué escuchas? ¿Qué sientes?

Eso es lo que te permite la incertidumbre, escucharte, verte, imaginarte, re-dibujarte, CREARTE, para poder elegir camino de nuevo o para crearlo, quién sabe…

 -“¡He luchado tanto por ese proyecto! ¡Todo estaba encaminado! Pero no podía seguir, estaba enfermando, ya no me reconocía, no era yo…”

¡Bendita incertidumbre!