Buenos días ¿cómo estoy?

Tenemos costumbre de saludar a compañeros, amigos, conocidos, etc. y, con verdadero interés, preguntar “Cómo estás?”, sin embargo, si somos nosotros los que tenemos que responder a esta cuestión, a menudo lo hacemos con una frase hecha: “bien…”, “no me puedo quejar…”, “vamos tirando…”, “podría estar mejor…” o el clásico “bien ¿y tú?”.

Pero todas esas respuestas no explican en verdad cómo estamos y aún más ¿realmente reflejan que somos conscientes de cómo estamos?

¿Cuántas veces nos preguntamos a nosotros mismos “¿Cómo te encuentras hoy?” ?

Realmente, no es habitual que nos paremos a valorar cómo nos sentimos en un momento dado, en un instante concreto, ahora.

Para ser consciente de cuál es tu estado ahora, no es imprescindible que realices un análisis exhaustivo de tus pensamientos, de tus comportamientos, de tus sentimientos o actitudes, puedes empezar por valorar cómo está tu cuerpo: tomar conciencia de él.

Si entendemos al ser humano en el sentido integral y holístico (del griego holos-‘unidad’), es decir, si consideramos que es más que la suma de sus partes, que todo (mente, cuerpo y espíritu) está conectado:  que las emociones y los pensamientos no sólo se manifiestan en el cuerpo, sino que son una misma cosa, entonces sabremos que tomar consciencia de nuestro cuerpo es ser consciente también del resto de niveles.

Los ejercicios para conseguir estados de relajación son instrumentos de toma de conciencia, pero simplemente puedes comenzar por centrar tu atención:

  1. ¿Cómo es tu respiración? Fíjate en la velocidad de la inspiración y de la espiración, el ritmo, las pausas, la profundidad. ¿en qué zona de tu cuerpo dirías que se localiza?
  1. Haz un recorrido por tu cuerpo y fíjate en el grado de tensión-relajación de las partes. Qué partes se encuentran tensas, qué partes están relajadas, ¿sientes algún dolor? ¿alguna molestia?
  1. ¿Cómo es tu postura corporal? ¿Cómo están colocados tu espalda, tus hombros, brazos y piernas, cabeza…? Prueba a cambiar esa postura ¿qué ocurre?

Y ¿qué hay de tu rostro? Obsérvalo en un espejo, sin juzgarlo, sólo observa las formas de cada una de las partes, en su conjunto, la coloración de la piel, acarícialo, siente los músculos, su grado de tensión.

Según el psicólogo Paul Ekman, el rostro refleja “qué está pasando en mi interior”. Como estudioso de las emociones descubre que existen expresiones faciales universales que son el reflejo físico de emociones básicas: la ira, la tristeza, la alegría, la sorpresa, el miedo, la repugnancia. ¿Podrías identificarte en este momento con lo que expresa alguno de estos rostros? ¿Qué nombre pondrías a lo que está sintiendo ahora?

 

En la página oficial de Paul Ekman encontrarás aislados los rostros correspondientes a cada emoción.

Tal y como explicaEkman, el rostro no es sólo el resultado de lo que sentimos, sino que podemos transformar nuestro estado interno haciendo “como si…”, es decir, reproduciendo la expresión, sus movimientos faciales, podemos empezar a sentir la emoción.

Curiosamente, la emoción más difícil de reproducir es la alegría. Pero ¿por qué no comienzas simplemente por relajar los músculos de tu rostro? ¿Qué ocurre? ¿Cómo afecta al resto de tu cuerpo? ¿Y a tu estado general?

Rostro y emociones