Cooperar tiene 3 “C”

Tengo la suerte de contar con colegas y compañeros en este viaje de Werden que son fieles a su propia filosofía y valores. Trabajar con un profesional, colega de profesión o no, para crear una línea de negocio innovadora, que aporte valor a clientes, a las propias empresas y por supuesto a las personas que la impulsamos es, desde mi punto de vista, no sólo una forma enriquecedora y efectiva de emprender, es una forma de entender las relaciones profesionales y personales. Requiere de plena cooperación para conseguir lo que hoy entendemos, y tanto escuchamos, como sinergizar, cuya máxima es que “el todo es más que la suma de las partes”. Sumar para crear algo exponencialmente mejor que lo que resultaría de un trabajo individual o meramente grupal.

Pero la cooperación sinérgica no surge por arte de magia y tampoco puede forzarse, igual que no se puede forzar el beso de un niño. Para empezar, “Co-operar” es “obrar junto con otro para conseguir un mismo fin”. Definir este fin, describir la meta detalladamente, es imprescindible para constatar que todas las partes se sienten identificadas con ella, a gusto y en coherencia con sus valores y el camino elegido. Pero establecer el objetivo no basta, ¿cómo hacemos para llegar hasta allí? Creo que hay determinadas cualidades, habilidades, actitudes que son imprescindibles para que exista una cooperación creativa:

CONFIANZA: para que cada parte se abra y se muestre tal como es. Desde una mentalidad de abundancia, desde la constancia de que hay sitio para todos, mostramos nuestras capacidades y también nuestras limitaciones con la tranquilidad de no estar en una competición. Cuando tenemos miedo (miedo a perder, a no ser lo suficientemente buenos, a ser desbancados de “nuestro lugar”) entonces no hay lugar para la apertura, cerramos la mente, encogemos el corazón y comenzamos a dar la espalda al otro. La confianza se construye con el tiempo, requiere integridad, conocimiento mutuo y aportaciones constantes por todas las partes. La integridad y la confianza es la base para establecer relaciones de ganar-ganar, imprescindible para cooperar de manera sinérgica.

COMUNICACIÓN: todas las partes son maduras y capaces de expresar sus opiniones, sus convicciones desde la empatía, desde la comprensión del otro, desde la aceptación de las diferencias. Para comunicarse es imprescindible escuchar primero y hacerlo con la disposición de comprender realmente al otro, tanto emocional como intelectualmente. No se trata sólo de respetar y “entender” racionalmente al otro sino de integrar las diferencias entre las partes, a todos los niveles y transformarlas en algo diferente, que transcienda las posturas iniciales y abra un nuevo camino alternativo y creativo.

COMPROMISO: con nosotros mismos y con los demás, además de un fiel compromiso con la meta marcada. Compromiso para ser capaces de dar, y también de recibir. Comprometernos con nosotros mismos requiere sabernos responsables de lo que somos, de lo que hacemos y de cómo lo hacemos. Administrarnos a nosotros mismos, tomar decisiones, elegir y actuar en consecuencia requiere de alto grado de compromiso. Si no rompemos los compromisos con nosotros mismos, no los romperemos con los demás. Mantener los compromisos genera altos grados de confianza y efectividad. Creo que el compromiso es un ingrediente imprescindible para construir relaciones fructíferas y duraderas, sean del tipo que sean, profesionales o personales.

Como la cooperación creativa que se da en la Naturaleza, en la que la relación entre sus integrantes es una parte en sí misma, en la que todo está relacionado con todo, todo es interdependiente, así las relaciones sinérgicas se basan en la fuerza de los lazos que las unen: la confianza, la comunicación y el compromiso. Estos lazos crean el ecosistema propicio para construir sobre las fortalezas, a pesar de la diferencias y de las debilidades.

¿Has pensado en cómo se encuentra el ecosistema de tus relaciones, en el trabajo, con los amigos, con la familia? 

¿Cómo cambiaría la relación si el ecosistema cambiara?