¿Dónde está mi energía?

¿A veces te sientes sin energía para comenzar con las tareas? ¿No encuentras inspiración? ¿No consigues concentrarte? ¿Quizá te ves estancado? ¿Lo que tienes que hacer no tiene sentido? ¿Te sientes aburrido? ¿O puede que abrumado? No importa en qué entorno o circunstancia ¿quizá te ocurre en el trabajo, estudiando, haciendo deporte?

Parece que hay días en que el rendimiento cae a su cota más baja, a pesar del esfuerzo no hay manera de avanzar y de conseguir unos resultados aceptables. Según la ley de Yerkes-Dodson*, que relaciona el estrés con el rendimiento, puede que te encuentres en un estado de “desvinculación”, es decir, aburrido, sin interés por la tarea, poco motivado y comprometido con lo que vas a hacer. O puede que te encuentres en estado de “sobrecarga”, o sea, desbordado por la presión. En el primer caso, hay pocas hormonas del estrés segregadas en tu organismo; en el segundo, el cerebro libera demasiado cortisol y si la situación de estrés se prolonga, se produce agotamiento, falta de concentración, ansiedad, insomnio, fatiga, dolor, sensación de indefensión, inhibición.

Si te encuentras desvinculado, no hay tensión emotiva, energía motivadora para hacer el trabajo. Si nos basamos en las preguntas de la encuesta Gallup y John Hopkins  para medir el compromiso de los empleados y las adaptamos a cualquier situación para detectar el grado de vinculación con la tarea, en este caso, podríamos pensar en las siguientes cuestiones:

  1. ¿Tengo claro lo que espero conseguir con esa tarea?

  2. ¿Tengo los medios y recursos para realizarla como a mí me gusta?

  3. ¿Va a suponer, de uno u otro modo, un reconocimiento?

  4. ¿Me ofrece la oportunidad de crear, de hacer algo nuevo y diferente?

  5. ¿En qué medida contribuye a mi misión como profesional, estudiante o investigador, o deportista?

  6. ¿Me va a permitir aprender?

En la medida en que estemos de acuerdo con estas cuestiones, nuestro compromiso, vinculación y rendimiento será mayor.

Por otra parte, cuando te sientes estresado, hay una intensa actividad neuronal, pero dispersa y aleatoria, no definida en las zonas cerebrales relacionadas con la tarea. En este caso, quizá no existe equilibro entre las exigencias de la situación y tu capacidad o puede que haya elementos externos y/o internos que estén afectando a tu concentración: circunstancias del entorno, preocupaciones, trabajo en modo multitarea, falta de recursos, etc.

Tony Schwartz (@tonyschwartz), impulsor del proyecto The Energy Project propone herramientas y consejos para aumentar la productividad, el compromiso y la innovación partiendo de un estudio de tu nivel de energía, que es la capacidad de hacer el trabajo:

“el tiempo es finito y también la energía, pero, a diferencia del tiempo, la energía puede renovarse”.

Somos más productivos cuando estamos en condiciones de renovar nuestras cuatro fuentes de energía productiva: la energía física, mental, emocional y espiritual.

Con un sencillo test** puedes descubrir qué volumen de energía tienes en reserva en cada fuente y elegir algunas acciones para reponerlo. Sólo es un punto de partida de reflexión, pero quizá ponga una pequeña luz de conciencia para propiciar estados de mayor fluidez en la tarea, con concentración, flexibilidad y placer.

* Fuente: Daniel Goleman: El cerebro y la Inteligencia emocional

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