El papel de los hábitos en la integración de la sostenibilidad

Hace unos meses, Biziera y Werden, tuvimos una experiencia de trabajo para el fomento de hábitos sostenibles en la escuela. El centro organizaba, dentro de sus actividades, una semana dedicada al medioambiente en la que participaban profesores, alumnos y familias. Durante esa semana, Biziera, realizaba actividades de formación y educación ambiental y así, se comenzaban a poner en práctica nuevas pautas de actuación, en relación con hábitos de vida escolar que fueran medioambientalmente sostenibles. Se trataba del segundo año en que se ponía en práctica la experiencia, el año anterior había sido muy positiva, sin embargo, había un aspecto importante que se debía reforzar para que el objetivo se alcanzara por completo: mantener los hábitos de sostenibilidad medioambiental en el tiempo. Se observaba que tras la semana de formación, pasados unos días, los nuevos hábitos se iban abandonando y se volvía a las viejas formas de actuar.

Por tanto, este año, la Dirección decidió repetir la experiencia, pero esta vez quería asegurarse de que los nuevos hábitos también eran sostenibles en el tiempo, así que, antes de las jornadas de formación y de actividades, desde Werden, trabajamos, mediante una reunión de equipo con profesorado y Dirección, las dimensiones de conciencia personal, responsabilidad y compromiso y de motivación para detectar qué obstáculos que habían podido diluir la iniciativa y explorar herramientas de superación de tales obstáculos en esta nueva edición del programa.

La sesión de coaching trabajaba, tanto en el ámbito personal como de equipo, las tres dimensiones de los hábitos efectivos (Covey):

CONOCIMIENTO: qué hago y para qué lo hago.

Nos centramos en el “para qué”. El “para qué” encierra no sólo el propósito a nivel académico, sino el propósito personal de cada uno de ellos. El objetivo era que cada uno diera también un sentido personal a la actividad alineado con el sentido de la organización. Tomar conciencia de los valores base que van a transmitir durante la actividad y después de ella y alinearlos con su misión como maestros.

CAPACIDAD: cómo lo hago.

Se trataba de profundizar no tanto en el qué, en las actividades concretas, sino en el CÓMO del “día después” ¿Cuáles son los recursos con los que se puede contar? ¿Qué dificultades pueden surgir? ¿Cómo se podrían resolver? ¿Quién hará qué y cuándo? ¿Se va a realizar algún tipo de seguimiento? ¿Quién, cuándo, de qué manera?

DESEO: Quiero hacerlo.

Exploramos las emociones positivas que les empujaban a la acción y también aquellas negativas que les podían retraer. ¿Qué emociones van ligadas a esta actividad? ¿cómo las van a gestionar?

Lo significativo de la sesión fue que dio como resultado unas cuantas propuestas de mejora en el ámbito de la organización del tiempo a nivel personal y del equipo. Las dificultades para el mantenimiento de los hábitos sostenibles, en este caso, no radicaban tanto en el aspecto de la concienciación, (conocimiento y deseo-motivación), sino más bien en la capacidad, en las dificultades diarias para encajar el nuevo hábito entre las viejas formas de hacer. Vieron que los nuevos hábitos llevarían a transformar otros, de otra naturaleza, al incluirlos en el quehacer diario. Y que ello era necesario para que el engranaje del sistema se adecuara a las nuevas tareas y actividades y funcionara.

Permitir dar entrada a estas nuevas formas de hacer y dar tiempo para encontrar fórmulas de adaptación, transformación y creación de nuevos procesos es fundamental para que los nuevos hábitos se consoliden y transformen, desde abajo, la cultura de la organización. Una Dirección, convencida de su papel de líder transformador y comprometida con el cambio hacia la sostenibilidad, es clave. Dejar y fomentar que sean las personas y los equipos los que encuentren las fórmulas para adaptar y transformar sus tareas y modos de hacer, es un camino para que la integración de la sostenibilidad en toda la cadena de valor sea real y para que la transición se realice con menor resistencia.