El secreto de tu éxito

Si tuvieras hoy el poder de hacer realidad un sueño ¿cuál sería?

Quizá te hayan venido a la mente tres o cuatro proyectos, puede que algunos ya los hayas comenzado, puede que otros estén en la “lista de espera”, en la casilla (“no es el momento”), es posible que alguno de ellos fuera un sueño que hace un tiempo quisiste cumplir, lo intentaste, pero finalmente decidiste que era hora de abandonar, ¿dejaste de encontrarle sentido?, ¿desconfiaste de tu capacidad? ¿las dificultades, los obstáculos, el esfuerzo?

Se ha demostrado que la excelencia no es sólo cuestión de talento y capacidad intelectual, sino también, y de modo representativo, de perseverancia, entendida ésta como una de las capacidades “liberadoras” de talento. Según la Psicóloga Angela Lee Duckworth (2006), “grit” o “perseverancia y pasión para lograr metas a largo plazo” es un componente de la personalidad que, a diferencia de la inteligencia, que es genética, puede entrenarse y desarrollarse. Ella define la determinación como un componente que marca la diferencia entre éxito y fracaso:

“La determinación es pasión y perseverancia para alcanzar metas muy a largo plazo. La determinación es tener resistencia. La determinación es aferrarse a su futuro, día tras día, no solo por la semana, no solo por el mes, sino durante años y trabajando realmente duro para hacer ese futuro una realidad. La determinación es vivir la vida como si fuera una maratón, no una carrera a toda velocidad.”

Otros estudios, como los de K. Anders Ericsson, han demostrado que practicar un promedio de 10.000 horas de manera constante nos permite llegar a la excelencia en una actividad. Pero ¿cómo mantener el entusiasmo, la pasión en el tiempo? ¿cómo continuar esforzándose cuando el resultado soñado a veces se ve tan lejano? ¿cómo superar los obstáculos, la adversidad? ¿cómo no rendirse a las “ofertas” que el tiempo, el mercado nos ofrece, aparentemente más novedosas o atractivas?

Uno de nuestros retos para alimentar la perseverancia es conseguir mantener el enfoque de nuestros esfuerzos, mantener a raya las distracciones que nos invitan a cambios no meditados, impulsados por resortes inesperados de mera “novedad”. El enfoque no sólo hemos de aplicarlo a mantener la visión de nuestros objetivos o proyectos, aun cuando se presenten lejanos, sino también a nuestra productividad diaria: ¿cuántas de las cosas a las que dedicamos tiempo en nuestro día a día nos desvían de lo realmente importante? ¿Cuánto de lo que hacemos está enfocado realmente a unos resultados planificados y concretos?

Otro “liberador” de la perseverancia es la capacidad de sobreponerse a las adversidades, aun cuando sentimos dolor, y además, salir reforzado de ellas. La resiliencia, como se llama a esta capacidad, necesita de la fe, de creencias en clave de posibilidad y no de problema: “El fracaso no existe, sólo existen resultados” (Robbins). Si éstos no son los que hemos proyectado, deberemos cambiar lo que hacemos, cómo lo hacemos, cuándo lo hacemos o todo ello a la vez, hasta ajustar lo que obtenemos a lo que hemos soñado.

Y por último, una de las bases de la determinación es el sentido que le damos al proyecto o sueño por el que luchamos, el significado que tenga para nosotros. Comprender su significado quiere decir que hemos integrado nuestra meta, en todas sus dimensiones, con nuestra identidad, que las acciones que requiere están en perfecta coherencia y alineadas con quiénes somos y con nuestra visión de vida, con nuestras creencias y valores, con nuestras capacidades y habilidades, con nuestros comportamientos y con nuestro entorno. El sentido crea el compromiso, tanto más inquebrantable cuanto más coherente. Da respuesta a un “para qué” ¿Para qué voy a seguir? ¿Para qué seguir esforzándome? ¿Para qué continuar?

“Voy a beber el océano”, dice el alma perseverante. Swami Vivekananda

Comparto este vídeo publicitario que Emilio Duró nos descubrió en una charla:  una historia real con emocionantes respuestas:

 

Dream Rangers

¿Para qué vives?