El trabajo corporal en el liderazgo y los procesos de desarrollo

El cuerpo como proceso que toma muchas formas a lo largo de la vida.

Para cambiar la propia situación de vida es necesario ser capaz de cambiar el propio funcionamiento.

El cuerpo habla el lenguaje del cambio.

Stanley Keleman, “La experiencia somática”.

Cuando experimenté y me formé en PNL descubrí hasta qué punto mente y cuerpo funcionan acompasados y cómo la vida se revela somáticamente. Ser consciente de ello hace aflorar un conocimiento interno profundo, que va más allá de la lógica y que se nos comunica con un lenguaje simbólico y sensitivo.

La PNL me ayudó a re-descubrirme en mi cuerpo, tras años de olvido desde que, tras la adolescencia, dejé de practicar gimnasia y después danza.

Practicar yoga y descubrir a través del aprendizaje del masaje cómo se organiza nuestro cuerpo para moverse, para generar acción y movimiento, me permiten experimentar cómo se refleja la vida en él, cómo, al mismo tiempo, esta misma acción y movimiento da forma a esta estructura nuestra.

Cuando introduzco el trabajo corporal y el movimiento en los talleres y en las sesiones con los clientes, se incorporan al proceso de cambio otros caminos desde los que comenzar o continuar la transformación que, desde mi punto de vista, aportan la frescura de la intuición y la intensidad del auténtico ser interno, tan necesario siempre y, sobre todo, cuando existe un bloqueo en el proceso.

En los procesos de transformación, el cuerpo no sólo es un escenario,

“el contenedor de nuestra vida mental, emocional e instintiva; el templo donde habita nuestra esencia y nuestro ego.” (Antonio Pacheco),

sino una parte activa de ellos.

“las formas exteriores del cuerpo y de los órganos internos nos hablan tanto de la movilidad celular, como de la organización y el movimiento de la psique y del alma. Los sentimientos que estas formas generan son la base de los programas cerebrales, del conocimiento, de la manera en que pensamos y sentimos.(…) Los sentimientos tienen una arquitectura somática” (Stanley Keleman: “Anatomía emocional”).

Los conflictos se quedan fijados en el cuerpo. Nuestra imagen somática interna y externa es la forma que hemos dado a nuestra experiencia de vida. Cuando esa forma no nos sirve para afrontar las situaciones del presente podemos “desorganizarla” y elegir nuevas posibilidades que a su vez nos permitirán actuar de manera diferente. La consciencia y el autoconocimiento es el primer paso para el autoliderazgo, para dejar que emerjan esos hábitos o pautas de actuación que ya no nos sirven y que nos han dado forma. Después podemos experimentar nuevas pautas, aprender a pensar y a actuar de maneras no habituales. En este proceso el cuerpo es parte activa y colaboradora de la mente en la toma de consciencia y en la transformación de pensamientos y creencias. Explicita cómo nos organizamos en determinadas situaciones, cómo mantenemos y perpetuamos corporalmente esas posturas concretas, qué musculos se tensan, qué cavidades se expanden y cuáles se comprimen y nos revela qué imagen, ideas, creencias sobre nosotros mismos y sobre la realidad que vivimos se encuentran detrás de esa postura corporal. A través del cuerpo podemos “desorganizar” esa postura, experimentarnos en esa situación en otro estado si dejamos que nuestro cuerpo “se ordene” de otra forma. Y después elegir qué estructura, orden, forma nos resulta más eficaz.

Nuestra anatomía es el resultado de nuestra respuesta al mundo exterior. Una forma con conciencia. En el cuerpo sentimos y experimentamos si lo que pensamos, decimos y hacemos está alineado y es coherente y contribuye y participa en el cambio mental y emocional. Es un indicador y un agente esencial en nuestra alineación con nuestros valores y nuestro propósito, una cualidad básica del liderazgo.

El movimiento y la consciencia corporal contribuyen a una expansión de la conciencia, al autoconocimiento, a la conexión con uno/a mismo/a, condición primaria para poder conocer a otros, para conectarnos con los demás, con nuestros colaboradores, compañeros, etc. y establecer así relaciones efectivas y de confianza.

Integrar el cuerpo en nuestros procesos de cambio ayuda a despertar el ser esencial que queda bajo determinados gestos  y movimientos que tratan de esconderlo. Nos conecta con nuestro centro de presencia, lo que aclara nuestra visión, calma nuestra mente  y deja fluir espontáneamente la creatividad y la inspiración del momento.