Deja, que ya lo hago yo...

¿Cuántas veces has escuchado esta frase? ¿Cuántas veces la has pronunciado?

Y es que a veces preferimos hacernos cargo de todo porque no queremos “perder el tiempo” explicando a otros qué y cómo deben hacer una tarea o, incluso, pensamos que nadie va a ser capaz de alcanzar nuestro nivel de resultados… Y lo hacemos en todos los ámbitos, en casa, con nuestra pareja o nuestros hijos, en el trabajo, con nuestros compañeros y colaboradores, incluso con nuestros amigos.

¿Has experimentado las consecuencias de no delegar? ¿Qué coste tiene para ti? ¿Qué te aporta?

Stephen Covey habla de 5 acuerdos previos para la delegación efectiva:

  1. Resultados deseados: Se acuerda el resultado, no el método. La persona ha detener muy claro cuál debe ser el resultado. Se permite a las personas que elijan los métodos y se hagan responsables de los resultados. La persona decidirá también cuándo lo tendrá hecho y se comprometerá a ello.
  2. Directrices: Establecer unos parámetros en los que se moverá el individuo, especificar si hay alguna restricción, y explicar, si se conocen, las cosas que no hay que hacer porque pueden llevar al fracaso. Las directrices no deben ser demasiadas, para evitar supervisar el cómo.
  3. Recursos: Se identificarán de manera conjunta los recursos que la persona va a necesitar para realizar la tarea.
  4. Rendición de cuentas: Se establecerán las normas de evaluación de los resultados y cuándo se va a evaluar. De esta manera, la persona será capaz, durante la realización de la tarea, de autoevaluarse y de tomar decisiones y hacer correcciones en caso necesario.
  5. Consecuencias: Especificar las consecuencias que va a tener la realización o no del trabajo y el resultado de la evaluación.

¿Qué ocurriría si delegaras algunas tareas?¿Cómo te sentirías?

¿Qué trabajos dejarías que hicieran otros? ¿A quién se los encargarías?

¿Qué beneficio crees que obtendría la persona a la quien confíes esa tarea? ¿Y tú? ¿Te animas?