Implicación: la conexión con lo posible

posible

“There is another world, but it is in this one” W. B. Yeats

Si reflexionamos acerca de los compromisos que adquirimos con nosotros mismos, puede ser que nos demos cuenta de que por una u otra razón, sin saber a qué se debe, se rompen invariablemente, a pesar de que cuando los contraemos parecen ser robustos y nos resultan muy atrayentes, casi irresistibles. Entonces quizá nos preguntemos qué hay realmente detrás de cada abandono, es posible que  investiguemos sobre esos compromisos “con firma falsificada” y descubramos, entre ellos, objetivos propios que en realidad no lo eran tanto, que eran proyectos autoimpuestos, encargos que, a decir verdad, nacían del alma de otro, aunque se disfrazaran de responsabilidad y vistieran muy bien la imagen que tenemos de nosotros mismos y la que pensamos que los demás tienen de nosotros.

En una ocasión, un cliente que estaba trabajando precisamente la fortaleza de sus compromisos decidió que lo que realmente ocurría era que necesitaba, y así lo expresó, “implicarse con aquello que lo liberaba”. Y eso que le hacía sentirse libre tenía que ver con algo profundo, a lo que no había escuchado hasta ahora, desconocido y que conectaba con la verdad de quién era. Pero esa es otra historia.

La manera en que esta persona definió lo que significaba implicación para ella me recordó a la que propone Benjamin Zander en sus historias de inspiración de El Arte de lo Posible, una propuesta hermosa y, creo que transformadora, de lo que es la implicación. Es una invitación a actuar desde la pasión y a honrar nuestra llamada, dando así sentido a lo que hacemos.

“Implicarse es un arte que permite dar vida a la chispa que genera lo posible.”

Crear lo posible, implicarse con uno mismo, requiere dar oxígeno, soplar las brasas incansablemente, proteger nuestra chispa, lo que nos libera, aun en época de tormentas. E implicarse requiere una elección consciente que puede ser consecuencia de preguntarnos:

  • ¿Qué pasaría si decidiera no implicarme?…
  • ¿Hasta qué punto lo posible es deseable para mí?…
  • ¿De qué manera estoy dispuesto/a a proteger la chispa?…
  • ¿Hasta dónde estoy dispuesto/a a llegar y dar lo que se requiere para dar vida a lo posible?…
  • ¿De qué manera me siento capaz?…
  • ¿Cómo puedo hacerlo de forma que sea bueno para mí?…
  • ¿Me siento merecedor de ello?

Pero también podemos implicarnos con la llamada de otros, contribuir a mantener y a hacer crecer los proyectos de los demás implicándonos desde el significado que nos une. En este caso, la implicación no sólo requiere de consciencia, sino también de apertura y generosidad y de visión de unos resultados que transciendan el propio proyecto en sí. Para lo que se hace necesario lo que Covey llamaba madurez: un equilibrio entre el coraje para atender a nuestras convicciones, objetivos, pensamientos y sentimientos, y la comprensión profunda y el respeto de las convicciones, pensamientos, objetivos y sentimientos de otros. Benjamin Zander lo expresa así:

“Es posible que la fuerza vital de la humanidad no sea otra cosa más que la posibilidad de poder desplegar la energía que nos conecta, que nos permite expresar y comunicarnos. La implicación es esa fuerza vital en movimiento que da vida a las chispas y que consigue que la luz se derrame en todas direcciones. En algunas ocasiones dichas chispas encienden verdaderas llamaradas; a veces pasan casi desapercibidas y prenden unas en otras mágicamente.”

¿Cómo están de encendidas tus chispas de lo posible? ¿De qué manera podrían conectar con las de otros? ¿Qué pasaría si te enfocaras en lo posible?