La curiosidad como palanca del diálogo transformador

curiosidad

Una de las habilidades de liderazgo más valoradas y que más se entrenan en las organizaciones, tanto en directivos como en equipos de trabajo, es la capacidad de escucha, como una competencia básica en el diálogo y la comunicación generarativa. Pero ¿cómo se entrena específicamente esta habilidad?

Entrenar la escucha requiere trabajar la capacidad y la calidad de la atención hacia uno mismo y hacia el entorno, la autorregulación y la presencia, entendida ésta como un estado de estabilidad y apertura al mismo tiempo. Requiere autoconocimiento en cuanto a cuáles son nuestros patrones mentales, en cuanto a cómo “vemos” el mundo y también de la suficiente apertura y disposición para desafiarlos.

Leyendo el fantástico libro de Roberto AguadoEs emocionante saber emocionarse”, (EOS, 2014) en el que desarrolla y explica su concepto de Maestría emocional y su modelo de Vinculación Emocional Consciente, encuentro una pista que me parece crucial para poder activarnos como “escuchadores” atentos, empáticos, creativos y, sobre todo, para ser capaces de desafiar la validez de nuestro Modelo del Mundo: instalarnos en la emoción de la curiosidad.

Aguado considera ésta una de las emociones básicas, dentro de las llamadas “agradables”, y que, junto con las emociones de la seguridad y la admiración, nos permiten aprender y crecer desde nuestros primeros días de vida.

La curiosidad nos coloca en un estado de apertura (dopamina), “se refuerza la capacidad de ampliar y construir la comprensión del mundo” (p.220),  nos permite focalizarnos en el estímulo, prestar atención desde la seguridad (serotonina), para responder al reto que se nos plantea desde un interés investigador, desde el silencio interno, libre de juicios.

Escuchar desde la curiosidad nos abre a la innovación y a la creatividad porque abandonamos nuestros patrones mentales y nos exponemos a lo desconocido.

La curiosidad nos abre la puerta de la empatía y también puede provocar cambios en el estado de nuestro interlocutor, pues, en caso de que nos hable desde el miedo, la rabia o la tristeza, actúa como emoción “antídoto”. Según Aguado, es una emoción “palanca” que nos facilita transitar hacia los universos emocionales de la seguridad y la admiración, también imprescindibles para el aprendizaje y para el diálogo generativo. “Motor energético que sostiene el equilibrio emocional”, nos abriría a la “Mente Campo”, mente generativa de la que habla la PNL de Tercera Generación, o al tercer y cuarto nivel de escucha que desarrolla Otto Scharmer en su Teoría U. (Corazón Abierto – Nivel 3 – Voluntad Abierta – Nivel 4–).

Sin embargo, explica Aguado:

“La ansiedad bloquea nuestro radar natural de la curiosidad (…) Investigaciones en este campo informan sobre el riesgo de que las creencias desfavorables, los estados habituales de cansancio, el estrés mental y psicológico pueden `apagar´nuestro deseo de aprender y entender nueva información.” (p 221).

Por tanto, la calidad de nuestra escucha puede mejorar si somos conscientes, en primer lugar, del estado en que nos encontramos y cambiarlo si es necesario (la PNL, entre otras prácticas, nos muestra cómo hacerlo). Pero el primer paso paso comienza con la calidad de la atención a uno mismo, con escucharnos a nosotros mismos para ser conscientes desde dónde, desde qué estado, desde qué emoción voy a escuchar, voy a dialogar o a comunicar, y decidir si ese “lugar”es el más adecuado o no para mi propósito en ese momento.

Trabajar con líderes y equipos el desarrollo de su capacidad de atención y la flexibilidad necesaria para adaptar sus estados internos a cada situación, permitirá encontrar nuevas formas de diálogo más productivas en la organización.

 “El mayor regalo que podemos dar es la pureza de nuestra atención” Dr. Richard Moss