La esperanza de los emprendedores sociales

Uno de los temas propuestos para tratar en el curso de emprendimiento social en el que participo (#socialMOOC) son las características propias y diferenciadoras de los emprendedores sociales. Un apunte de Rafael Bisquerra, que conducía un seminario de Inteligencia Emocional impulsado por el Consorcio de Inteligencia Emocional de Innobasque, el pasado viernes y al que tuve el privilegio de asistir, abrió una vía de reflexión acerca de una de esas características, que sí que calificaría como diferenciadora de un emprendedor social.

Durante el seminario con Rafel Bisquerra, los asistentes propusimos profundizar en algunos temas concretos. Entre esas elecciones “a la carta” estaba el concepto de FLUIR: ese concepto definido por Mihàly Csikszentmihàlyi del que ya hablamos en este blog y que surge de la “adecuación” entre el reto al que nos enfrentamos y el nivel de nuestras competencias para alcanzarlo y superarlo.

“Fluir es estar completamente involucrado en una actividad por ella misma. El ego desaparece. El tiempo vuela. Cada acción, movimiento y pensamiento se sucede inevitablemente del anterior, como al tocar jazz. Todo tu propio ser se involucra y usas todas tus habilidades al máximo.”

 

Me resultó sumamente interesante y útil la relación que hace Bisquerra entre el concepto de “Fluir” con lo que Martin Seligman denominó “Síndrome de Indefensión Adquirida”: un estado psicológico por el que el sujeto queda paralizado ante el convencimiento de que sus actuaciones y conductas no cambiarán la situación en la que se encuentra. A partir de un experimento, comprobó que tras someter a un animal a descargas eléctricas sin posibilidad de escapar de ellas, dicho animal ya no emitía ninguna respuesta, aun cuando las condiciones hubieran cambiado y éstas permitieran una salida, un cambio favorable de situación. Había aprendido a no luchar contra ello, a sentirse indefenso.

Bisquerra expresaba que podemos provocar este síndrome de desamparo si mantenemos de manera crónica a las personas fuera del canal de flujo, si provocamos que no puedan fluir (y esto podemos hacerlo en cualquier ámbito de la vida). Es decir, podemos someterlas a una constante situación de ansiedad y estrés (objetivos alejados de sus competencias, falta de información acerca del sentido de su trabajo, anulación de feedback para el aprendizaje y el desarrollo, despersonalización) o podemos dejar que caigan en la inercia del aburrimiento y la desvinculación (objetivos poco motivadores o falta de retos, privación de reconocimiento… ).

El síndrome de la indefensión aprendida se manifiesta en tres carencias:

  1. Falta de motivación: pasividad, falta de respuesta, de acción, puede llegar a una parálisis de la voluntad.
  2. Dificultad de aprendizaje: hay dificultad en aprender. Se instala la creencia de que el éxito y el fracaso no depende de los propios esfuerzos.
  3. Emocionales: miedo, ansiedad e, incluso, depresión.

Actualmente, no tenemos que emplearnos mucho en buscar comprobantes de estos síntomas a nivel social: el sentimiento de “no podemos hacer nada” navega como una corriente que inunda los cimientos de toda la sociedad: el miedo a la pérdida, la falta de resultados a los continuos sacrificios, la erupción de toda esa podredumbre institucional, nos ha dejado en muchos casos paralizados, desesperanzados. En este contexto, sin embargo, hay personas que no manifiestan este síndrome de desamparo, que apuestan por la acción, que confían en nuevas alternativas, que crean nuevos caminos para encontrar soluciones a los problemas sociales. Los emprendedores sociales tienen la capacidad de desarrollar respuestas creativas en las situaciones más adversas, es decir, tienen capacidad de resiliencia.

Teniendo en cuenta que esta capacidad comienza a desarrollarse en la infancia, cuando nos sentimos queridos incondicionalmente, en un ambiente de confianza en el que se nos permite experimentar, explorar por nuestra cuenta, ser curiosos, aún cobra mayor importancia la gestión emocional que se realiza en las aulas. Sobre todo cuando comprobamos lo fácil que es inducir al estado de indefensión aprendida del que hemos hablado. Sólo se necesitan 5 minutos para hacer que alguien se sienta “estúpido”, “confuso”, frustrado” y que decida que ni siquiera merece la pena intentarlo:

Indefensión Aprendida

Mantener, a pesar de todo, las condiciones para que todos podamos fluir, es decir, para levantarnos y mirar, explorar, crear, sintiéndonos libres y confiados depende de cada uno de nosotros: podemos propiciarlo en casa, en el trabajo, con los amigos, etc. basta que seamos conscientes de cómo pensamos, de cómo nos expresamos, de qué resultados conseguimos con nuestra comunicación, de nuestra actitud y de lo que hacemos.