Propiciar la emoción de la Aceptación en los equipos

Describe Isabel Aranda (@_IsabelAranda) en su obra Emociones Capacitantes (Rasche, 2013) cómo podemos aprender a dar respuestas diferentes ante situaciones que disparan una determinada emoción. En este sentido, distingue lo que es una respuesta automática ante una situación determinada, de nuestra capacidad de acción ante tal situación. Si somos conscientes de nuestras respuestas automáticas ante hechos determinados, podremos más fácilmente utilizar esa información para generar acciones más conscientes y más eficientes:

“Las emociones se pueden elegir y, además, hasta se podrían escoger aquellas que mejor se adaptasen a nuestras elecciones y al estilo de vida que deseáramos”.

Por tanto, las emociones no son buenas ni malas, sino que tienen una función. La pregunta no es por qué estoy sintiendo esto, sino para qué me sirve y qué cosas me permite hacer.

Presenta un modelo de 8 emociones, cada una ellas conductora de determinados tipos de acciones y todas ellas con la intención positiva de la supervivencia, excepto las emociones de la aceptación y la alegría, cuya función es ampliar nuestra capacidad de respuesta, crecer y desarrollar capacidades para enfrentar los momentos difíciles.

La Aceptación

Define Isabel Aranda la aceptación como una emoción de aprecio hacia situaciones, hacia otras personas o hacia uno mismo, hacia la naturaleza, hacia los animales. Su función es que el sistema recupere y permanezca en el equilibrio que necesita para funcionar correctamente.

Me pregunto entonces cómo podemos, ya sea como facilitadores, o como componentes de un equipo o como líderes, “hacer que suceda” esta emoción en el seno de un equipo-sistema, para generar ese “clima” de creatividad, para impulsar el aprendizaje colectivo, ampliar la capacidad de respuesta, para posibilitar la transformación.

Pienso ahora en tres maneras de hacerlo:

1.- La Aceptación supone apreciar un poco de verdad en cada una de las partes que componen un equipo, entender que

“la verdad no es un patrimonio individual sino colectivo y que sólo colectivamente la podremos encontrar.” Federico Varona: Todavía es posible soñar. Teoría apreciativa y comunicación empresarial, 2003, p.4

En este sentido recuerdo las palabras de Eugenio Moliní como un regalo en el seminario de Participación Genuina, en el que he tenido la suerte de participar hace unos días: “Los mejores equipos son aquellos en los que sus componentes funcionan con un alto nivel de egoísmo y de altruismo al mismo tiempo”.

Trabajar así, en red, permite apreciar la individualidad y, por tanto, dejar que emerja la diferencia, y poner nuestros talentos, lo que es genuinamente nuestro al servicio del objetivo común, de manera voluntaria y transparente. Facilitar el trabajo de un equipo desde esta perspectiva no sólo requiere técnica y sabiduría, sino también arte, creatividad y altas dosis de aceptación de uno mismo.

2.- Otra manera en que podemos promover este estado de “expansión y desarrollo” que genera la aceptación en el equipo es facilitar que éste se encuentre enfocado en el trabajo que está desarrollando, realizando las actividades requeridas para alcanzar el propósito común.

La actividad en la que fluye el equipo será una tarea con sentido, con objetivos claros y recursos adecuados, que constituya un reto, que suponga una oportunidad de crear algo nuevo, que permita el aprendizaje y que esté alineada con objetivos individuales y con habilidades y capacidades personales.

3.- Sentimos la aceptación también cuando conectamos con nosotros mismos, con nuestro centro, en el aquí y ahora. Podemos utilizar técnicas de meditación y ejercicios de respiración y relajación para hallar el estado de equilibrio y reconocernos a nosotros mismos, en nuestras fortalezas y debilidades, en nuestras luces y en nuestras sombras, desde la confianza y la valoración.

Pero también podemos experimentar la aceptación gracias al reconocimiento de otros.

Piensa en un momento en que te hayas sentido verdadera y sinceramente reconocido, apreciado, no tanto por los resultados conseguidos, sino por tu aportación a un trabajo, a una tarea, por aquello de ti que pusiste en ella que resultó genuino, quizá determinante, quizá revelador o impactante.

¿Recuerdas esa emoción? ¿Qué pensamientos se asociaron a ella? ¿Para qué puede servirte en un futuro esa experiencia de apreciación?

Para que el reconocimiento sea creíble ha de estar basado en hechos específicos y ha de ser sincero, no se trata de adular, todo lo contrario. El reconocimiento sincero en el que compartimos con otra persona aquello que nos ha inspirado de ella, en el que revelamos cómo ha impactado un acción suya en nuestro pensamiento, en nuestra visión, en la tarea común, en el alcance del objetivo, etc. contribuye a profundizar en el conocimiento mutuo y en la confianza, y provoca una sensación de liderazgo compartido que fortalece al equipo.

¿Identificas haber sentido aceptación en algún momento en el día de hoy? ¿Cómo la generarías? ¿Qué pasaría si lo hicieras?