Vitaminas N y C para la escuela

Un post de mi compañero de smocc Ignacio Gallego acerca de los Knowmads (o nómadas del conocimiento) y del llamado “aprendizaje invisible” (aquel que se produce en cualquier contexto espacial, temporal o personal y mediante cualquier herramienta, tecnológica o no; el aprendizaje “24×7, en 3D y en 360º”) me ha hecho reflexionar acerca del alcance que tiene en la escuela la educación por la sostenibilidad y cómo se relaciona ésta con las nuevas habilidades (Liberal Skills) o competencias que serán imprescindibles en los trabajadores del siglo XXI según concluyen las investigaciones de Cristóbal Cobo y John W. Moravec en su obra “Aprendizaje invisible. Hacia una nueva ecología de la educación”. Col·lecció Transmedia XXI. Laboratori de Mitjans Interactius / Publicacions i Edicions de la Universitat de Barcelona. 2011.

Según Cobo y Moravec, un Knowmad, es “innovador, imaginativo, creativo, capaz de trabajar con prácticamente cualquier persona, en cualquier lugar y en cualquier momento” y serán los verdaderos impulsores de la innovación en la sociedad 3.0, caracterizada por los cambios significativos acelerados, el desarrollo tecnológico y la globalización del conocimiento y de las relaciones.

Las destrezas necesarias para trabajar en esta nueva sociedad, según Moravec, son las siguientes (resumo la exposición del autor):

  1. Pensar sistémicamente
  2. Pensar simulando: preguntarse ¿qué pasaría si…?
  3. Prosperar en medio de cambios, retos e incertidumbres: desarrollar perspectivas, conocimiento y alternativas para hacer frente a la complejidad y a la incertidumbre.
  4. Crear y manipular pasados, presentes y futuros alternativos
  5. Adquirir y responder a las metas y desafíos: Esto implica que los jóvenes han de hacerse cada vez más responsables de sus vidas, aplicando activamente sus valores e inteligencia.
  6. Entender y utilizar eficazmente la información existente
  7. Construir y utilizar conocimiento aplicable a nivel individual: Esto significa que los jóvenes dedicarán sus vidas a la construcción y aplicación de nuevos significados.
  8. Construir y utilizar nuevos conocimientos relacionados con los contextos, procesos y culturas
  9. Utilizar eficazmente las actuales y emergentes tecnologías de información y comunicación
  10. Adquirir y evaluar el conocimiento de diversas tendencias globales
  11. Escribir y hablar de manera independiente
  12. Asumir el compromiso personal de hacer las cosas bien

El desarrollo de tales destrezas en la escuela, desde mi punto de vista, requiere entrenar al alumnado en la toma de conciencia sobre su propia responsabilidad en la adquisición de conocimiento relevante, en el aprendizaje y en la creación y difusión de nuevo conocimiento. También se fundamentan tales competencias en la asunción del compromiso de hacerse cargo de la propia vida y de las acciones personales y de la disponibilidad para brillar en un papel protagonista a la hora de encontrar las soluciones a problemas individuales y colectivos. Pero para adquirir estas habilidades no sólo se requiere de desarrollo en la dimensión individual, también es imprescindible colaborar con otros, compartir, participar, para atender así las continuas transformaciones sociales, para crear e innovar.

 

“Un sólo átomo contiene todos los elementos de la Tierra. Una sola manifestación del espíritu contiene todas las leyes de la vida. En una sola gota de agua se encuentra el secreto del inmenso océano. Una sola manifestación de ti contiene todas las manifestaciones de la vida.”

Khalil Gibran

¿Qué ocurre con la Educación para la Sostenibilidad?

Tal y como corroboran informes sobre actividades de educación para la sostenibilidad de instituciones como el Gobierno Vasco (Informe del Plan para la Educación para la Sostenibilidad – PEAS 2010) “uno de los retos más importantes a los que nos enfrentamos en la educación para la sostenibilidad es transformar la formación en acción”. Como en las empresas que buscan la progresiva incorporación de estrategias de sostenibilidad, la dificultad se encuentra en conseguir la acción sostenida, la integración del nuevo hábito.

¿Qué características tienen las actividades de formación y educación en sostenibilidad, que no generan, normalmente, una transformación de la conciencia, no crean responsabilidades, no llegan a transformar pensamientos, captar voluntades, generar nuevas acciones?

Al leer las investigaciones y reflexiones de Cobo y Moravec, estoy de acuerdo con sus conclusiones respecto a que, es porbable que no baste con enfocarnos en el qué se aprende, sino en el cómo. Educar para la sostenibilidad requiere de conciencia sobre el papel del ser humano en el Planeta, sobre su interconexión con la Naturaleza y sobre el modo en que se afectan el uno al otro.

Heike Freire, autora de “Educar en verde. Ideas para acercar a niñas y niños a la Naturaleza” expresa y hace suya la preocupación de Richard Louv (“El último niño en el bosque”) de las consecuencias que tiene el escaso contacto de los niños con la Naturaleza a nivel físico y emocional. Pero además esta deficiencia de “vitamina N”, como la llama Louv, también repercute en cómo se ven a sí mismos dentro del Planeta, en el papel que se asignan en cuanto a consumidores y en cuanto a “cuidadores” o conservadores del Medio. Desde mi punto de vista, para conectar con la Naturaleza es imprescindible conectar antes con uno mismo, añadir “vitamina C” de “conciencia”, “corazón”- “core”.

Parece que es posible incorporar nuevas formas de aprendizaje, compatibles, complementarios con el sistema formal actual, nuevos métodos, nuevos “cómo” que favorezcan la participación creativa de la comunidad escolar al completo, que estimulen la capacidad de desarrollar pensamientos propios, generar conocimiento, encontrar voluntades. Esta idea no es nueva, ya se practicaba, en una época de grandes transformaciones, de crisis global, de necesidad regenerativa, como la actual, en la Institución Libre de Enseñanza (1876-1936), lo que Giner de los Ríos, al que se le conocía como el “Sócrates español”, llamaba “método intuitivo” de enseñanza:

“Romped esas enormes masas de alumnos, por necesidad constreñidas a oír pasivamente una lección o a alternar en un interrogatorio de memoria, cuando no a presenciar desde distancias increíbles ejercicios y manipulaciones de que apenas logran darse cuenta. Sustituid en torno del profesor a todos esos elementos clásicos por un círculo poco numeroso de escolares activos que piensan, que hablan, que discuten, que se mueven, que están vivos, en suma, y cuya fantasía se ennoblece con la idea de una colaboración en la obra del maestro. Vedlos excitados por su propia espontánea iniciativa, por la conciencia de sí mismos, porque sienten ya que son algo en el mundo y que no es pecado tener individualidad y ser hombres. Hacedlos medir, pesar, descomponer, crear y disipar la materia en el laboratorio; discutir, como en Grecia, los problemas fundamentales del ser y destino de las cosas; sondear el dolor en la clínica, la nebulosa en el espacio, la producción en el suelo de la tierra, la belleza y la Historia en el museo; que descifren el jeroglífico, que reduzcan a sus tipos los organismos naturales, que interpreten los textos, que inventen, que descubran, que adivinen formas doquiera… Y entonces la cátedra es un taller y el maestro un guía en el trabajo; los discípulos, una familia; el vínculo exterior se convierte en ético e interno; la pequeña sociedad y la grande respiran un mismo ambiente; la vida circula por todas partes y la enseñanza gana en fecundidad, en solidez, en atractivo, lo que pierde en pompas y en gallardas libreas.» Citado por José Luis Abellán en “La Institución Libre de Enseñanza y un santo laico que se llama Giner de los Ríos” Historia del Pensamiento español. 1996.

Método intuitivo, conocimiento compartido y generativo desde el paradigma del aprendizaje invisible, superar el “aprender haciendo” para incorporar el “aprender viviendo”. Quizá estos nuevos “cómo” nos permitan llegar a la transformación real o mejor dicho al aprendizaje generador, creativo e innovador que necesita la escuela y la sociedad para vivir de otra manera.

Desde Biziera y Werden trabajamos los “cómo” con la escuela desde esta filosofía, para que los límites formales de la escuela se desdibujen, se hagan permeables y ésta se convierta en una célula activa de la sociedad, en “un trasunto de la vida”. La conexión con la Naturaleza llega desde la conexión con el Ser, no sólo del ser personal (alumno-maestro-padre-madre) sino del Ser del centro educativo, de su identidad, desde la conciencia de su responsabilidad dentro del sistema.

Dice el teólogo y filósofo Leonardo Boff:

“No somos tan obtusos como para decir que no necesitamos la política y la técnica. Las necesitamos mucho, pero es ilusorio pensar que la solución está en ellas. (…) Por eso, no basta una ecología ambiental que ve el problema en el ambiente y en la Tierra. Tierra y ambiente no son el problema. Nosotros somos el problema (…)

Trabaja con lo que pasa por nuestra mente y nuestro corazón. ¿Cuál es la visión del mundo que tenemos? ¿Qué valores orientan nuestra vida? ¿Cultivamos una dimensión espiritual? ¿Cómo debemos relacionarnos con los otros y con la naturaleza? ¿Qué hacemos para conservar la vitalidad y la integridad de nuestra Casa Común, la Madre Tierra?” . La Hora y el turno de la ecología mental.

Puede que la Educación para la Sostenibilidad, desde esta perspectiva, requiera de una profundidad ligada a su importancia y grandes dosis de “vitamina N” y “vitamina C”. Quizá estos trabajadores del futuro, apodados nómadas del conocimiento, innovadores, imaginativos, creativos, capaces de colaborar y de trabajar de manera flexible, sean los que respondan a estas preguntas y generen otras nuevas.